Bienestar visual en el trabajo
El rincón donde pones el portátil, la ventana a tu espalda, la lámpara sobre la mesa... cada detalle del espacio donde trabajas tiene un efecto real en cómo se sienten tus ojos a lo largo del día. Aquí te explicamos cómo mejorarlo sin gastar dinero.
En una oficina, alguien se encargó en algún momento de pensar en la iluminación, la disposición de los puestos y la orientación de los monitores respecto a las ventanas. En casa, nadie lo hace. El portátil va donde cabe, la mesa está donde siempre estuvo, y la luz entra de donde entra.
El resultado es que muchas personas que trabajan desde casa acumulan más fatiga ocular que quienes lo hacen en una oficina bien diseñada, aunque pasen las mismas horas frente a la pantalla. La diferencia está en el entorno.
La buena noticia es que las correcciones son simples y no requieren reformar la habitación ni comprar equipos nuevos. La mayoría se resuelven recolocando cosas que ya tienes.
Cada zona de tu escritorio y alrededor de él puede estar sumando o restando esfuerzo a tus ojos
La ventana
Debe quedar a un lado. De frente crea contraste excesivo; detrás genera reflejos en pantalla. Un giro de 90° puede resolver el problema al instante.
El monitor o pantalla
A 50–70 cm, borde superior al nivel de los ojos. Si trabajas con portátil, elevarlo con un soporte y usar teclado externo cambia todo.
La lámpara de escritorio
Debe iluminar el papel o el teclado, nunca dirigirse hacia la pantalla. La luz cálida y difusa es mucho menos agresiva que la luz blanca directa.
La silla y la postura
El cuello inclinado hacia adelante cambia el ángulo de visión. Con la silla bien regulada y la espalda apoyada, los ojos trabajan en una posición más natural.
La configuración del sistema
Brillo ajustado a la hora del día, modo oscuro en las apps que lo admiten y luz nocturna activada por las tardes. Ajustes de software con impacto real en la fatiga ocular.
Sin gastar dinero y sin necesitar ningún conocimiento técnico especial.
Extiende el brazo. La punta de los dedos debería tocar apenas la pantalla. Si hay mucho espacio, acércala. Si está muy cerca, aléjala. Ese único gesto elimina una fuente importante de tensión ocular continua.
Es el cambio que más personas dejan pendiente y que más diferencia hace. Si no puedes mover la mesa, una cortina ligera o un panel translúcido entre tú y la ventana puede resolver el problema de los reflejos sin bloquear la luz.
A media mañana y al atardecer. Esos son los momentos en que la luz exterior cambia más y el contraste entre la pantalla y el entorno se dispara. Dos ajustes de 30 segundos cada uno reducen horas de tensión acumulada.
No tiene que ser levantarse. Basta con alejar la mirada de la pantalla durante 20 o 30 segundos, mirar a un punto lejano o simplemente cerrar los ojos un momento. Evita que la tensión se acumule hasta niveles incómodos.
Tanto en Windows como en macOS hay una opción para cambiar la temperatura de color de la pantalla automáticamente cuando cae la tarde. Reduce la exposición a luz azul en las horas en que el cuerpo ya empieza a prepararse para el descanso.
Suena trivial, pero frente a la pantalla el ritmo de parpadeo se reduce drásticamente y la superficie del ojo se reseca. Parpadear de forma consciente cada cierto tiempo, especialmente cuando estás muy concentrado, es el hábito más sencillo y más ignorado de todos.